The responsibilities of winemaking and the carbon footprint

El vino “responsable”:
huella de carbono e impacto ambiental

¿Cuál es el impacto ambiental de producir una botella de vino?
¿Que impacto tiene la viticultura sobre la naturaleza que la rodea?
Por la estrecha relación que la vid y el vino tienen con el territorio y por el “sentido de lugar” que es parte de la historia de los vinos de calidad, estas son preguntas sobre las cuales todas las bodegas deberían interrogarse.

Aunque la viticultura es responsable por una pequeña parte de las emisiones globales de CO2 en la atmosfera, contribuye – como cualquier actividad productiva humana – al calentamiento global. Además, la producción de vino tiene efectos evidentes en el paisaje, en las comunidades que viven y trabajan en la cercanía de viñedos y en el ecosistema.

Un tema complejo

Calcular la huella de carbono (“carbon footprint”) del vino puede ser una manera útil para medir este impacto con el fin de reducirlo. La huella de carbono es la suma de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producida por una determinada actividad humana. Convencionalmente se expresa en kilogramos de dióxido de carbono (CO2) equivalentes y además de evidenciar datos importantes sobre el impacto ambiental del vino, nos puede proporcionar una idea de la complejidad del tema y de sus interrelaciones en una escala global.

Algunos de los estudios científicos sobre el vino y su huella ambiental afirman que para producir cada botella de vino de 750ml se liberan en la atmosfera 2,17 kg de CO2 (con un importante margen de variación de 1,34kg): algo equivalente a conducir un auto pequeño a gasolina por unos 20 a 30 kilómetros.

Este cálculo tiene en cuenta un numero enorme de factores que pueden modificar el resultado final: el método de cultivo (en que medida se utilizan agroquímicos y maquinarias), las condiciones agroecológicas de la zona de producción, las prácticas en la bodega (los vinos blancos tienen una huella de carbono más alta que los tintos porque necesitan más refrigeración), el packaging y el peso de las botellas utilizadas, el transporte hasta el consumidor final. En algunos casos las bodegas pueden intervenir para bajar el impacto ambiental de sus vinos, en otros sus posibilidades son mas restringidas.

Viticultura sostenible

Sin duda, alejarse de los métodos de cultivo convencionales y utilizar métodos más sustentables es el primer paso. La búsqueda de una viticultura con menos impacto ha llevado a Chakana a convertir su producción al método orgánico, en el cual agregamos prácticas biodinámicas. Las emisiones agrícolas de CO2 y otros gases de efecto invernadero se originan sobre todo por el uso de pesticidas y fertilizantes: se calcula que con el manejo orgánico del viñedo – fertilizantes naturales, deshierbe manual, etc. – se puede ahorrar hasta 0,27 kg CO2 por botella.

Otro momento en el cual se puede marcar una diferencia es en la elección del tapón. En este caso, la preferencia de Chakana para la mayoría de nuestros vinos es por los corchos Diam: estos tapones son realizados con materiales naturales y una tecnología que permite eliminar la posible contaminación de TCA (el llamado gusto a corcho). Estos garantizan una huella de carbono más baja que los tapones sintéticos o las tapas a rosca.

Pero el factor mas importante en la huella ambiental del vino es la botella que lo contiene. Una botella mas pesada, requiere mas energía para producirla, transportarla y disponer de ella una vez utilizada, por lo que mayores serán las emisiones de CO2 finales asociadas a ella.
Una botella de 420/450 gramos es más que suficiente para preservar las características organolépticas del vino. Botellas mucho más pesadas son un desperdicio y causan mayor impacto ambiental. Lamentablemente, un cierto tipo de marketing ha llevado a la creación en la mente del consumidor de una relación entre botellas pesadas y la calidad del vino. Esto vale tanto en Argentina como en otros importantes mercados (Estados Unidos, China). Por otro lado hay mercados más sensibles a estos temas como Noruega o Suecia, donde el público pide y valora las botellas livianas y realizadas con vidrio reciclado.

Es importante considerar que si nos preocupa la sostenibilidad del vino, la huella de carbono es solo un aspecto a considerar. Para producir un vino en forma “responsable” necesitamos tener en cuenta también su impacto en la comunidad, en las relaciones sociales que genera y sus interacciones agroecológicas. Una industria del vino corporativa y masificada destruye el tejido social alrededor de este producto de la cultura y pone en riesgo su autenticidad.