Biodynamic and Science

La práctica biodinámica y sus evidencias científicas

Este es el primero de una serie de artículos que investigarán las bases científicas de la viticultura biodinámica y evidenciarán los efectos dañinos de la utilización de agroquímicos en el viñedo, demostrados por una amplia bibliografía que comprenden estudios e investigaciones que mencionaremos como referencias.

 

La idea de “grandes vinos” tiene una estrecha relación con la idea de terruño, su enlace con un lugar determinado y sus características únicas y peculiares. En cada terroir se crea un equilibrio único que construye la identidad de un vino de calidad. A nivel macro, el terroir es el vínculo que se crea entre naturaleza, clima, suelo y actividad humana. A nivel micro, se forma gracias a la interacción entre bacterias, hongos, nematodos y su relación con plantas y animales; un equilibrio siempre en evolución que se modifica a través de milenios.

El objetivo de la viticultura natural y biodinámica debe ser observar y expresar esta complejidad multiforme en contraste con una producción de vino industrial que, por su propias necesidades, desea simplificar los procesos, anticipar los resultados, preverlos y estandarizar todo lo que sería complejo e inconstante. Por eso, pensamos que el vino industrial y la producción que utiliza agroquímicos en los viñedos no puede pretender expresar el concepto de terroir.

Hacer uva y vino con métodos naturales no significa volver banalmente al pasado. Como explicó Brian Arthur en su libro The nature of technology: what it is and how it evolves (2009):

“No tener tecnología es no ser humano; la tecnología es una parte muy importante de lo que nos hace humanos (…) Pero nuestro subconsciente hace una distinción entre la tecnología que esclaviza nuestra naturaleza y la tecnología como extensión de nuestra naturaleza. Esta es la distinción correcta.”

En Chakana, queremos aceptar este desafío y trabajar de manera natural pero tecnológicamente sofisticada, convencidos de que solo aceptando (y antes de todo, investigando) el funcionamiento de la naturaleza se pueden hacer grandes vinos de terroir.

A partir de la revolución verde (que Jonathan Nossiter llama “revolución negra” por su efectos en el medio ambiente), y en los últimos cincuenta años, hemos asistido a un impulso tremendo hacía la eficiencia y la estandarización de la producción agrícola mundial, dominada por el uso de agroquímicos, fertilizantes y pesticidas.

En el mundo del vino, esta nueva actitud llevó a la revolución varietal, un movimiento que comenzó en los EE.UU, en particular en California, en los setenta. Básicamente, se promovió la simplificación y la commoditización del comercio vitivinícola, estableciendo la idea de que la cepa es más importante que el lugar de origen del vino y favoreciendo así a las grandes marcas industriales. Pero el paradigma varietal esconde otra verdad más profunda: un vino producido con métodos industriales y viticultura química es una práctica antitética al concepto de terroir.

Una multitud de estudios científicos indagaron a lo largo de los años sobre los efectos dañinos de la viticultura industrial. Por ejemplo, está demostrado que el glifosato, el herbicida sistémico más utilizado en el mundo, además de ser absorbido también por las raíces de la vid y terminar en le vino que tomamos, extermina microrganismos benéficos para el viñedo causando deficiencias de nutrición y mayor exposición a infecciones y enfermedades.

Por otro lado, se evidenció como el uso masivo de fertilizantes químicos (nitrógeno soluble) provoca peligrosos efectos en las plantas, destruyendo ese balance natural tan importante para la salud vegetal, y aumentando sus vulnerabilidad a enfermedades y plagas. La viticultura industrial utiliza pesticidas químicos para atacar a los organismos que pueden resultar peligrosos para la vid, pero al mismo tiempo, destruyen a las bacterias, hongos y nematodos que viven en el suelo y crearían un ecosistema vivo y complejo.

La propuesta biodinámica es de recuperar ese sutil equilibrio. Se trata de reconstruir ese sistema de elementos naturales que, por un lado, constituyen el requisito para obtener uvas y vinos de alta calidad; y, por el otro, garantizan biodiversidad y conservación del paisaje natural.

Según un importante estudio, entre el 95% y el 99% del nitrógeno que está en el suelo, clave para la nutrición de la vid, se encuentra en componentes orgánicos, que una compleja red de micro-organismos procesa hasta transformarla en una materia soluble que puede ser absorbida por las raíces, siempre que no utilicemos productos químicos.

El suelo es un ecosistema que se auto-organiza y el rol de la viticultura biodinámica, con sus preparados, la plantación de verdeos y los esfuerzos para aumentar la biodiversidad en el viñedo, es construir el mejor hábitat posible para que toda la población de micro-organismos pueda funcionar y prosperar a beneficio del producto final.

La revolución negra de la agricultura industrial llevó a una producción abundante y estandarizada, pero, como escribió Brian Arthur:

“somos seres humanos y necesitamos más que comodidad económica. Necesitamos desafíos, necesitamos significado, necesitamos un propósito, y necesitamos alineación con la naturaleza. Donde la tecnología nos separa de todo esto, trae un tipo de muerte. Pero donde mejora estos, afirma la vida. Afirma nuestra humanidad”

A esto sirve la biodinámica.