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Nace PIPA, Productores Independientes de Paraje Altamira

A nivel mundial (y especialmente en la Argentina) vivimos un proceso de concentración del poder económico en grandes corporaciones. Parece tratarse de una falla del capitalismo, que inevitablemente tiende a favorecer a los más poderosos y produce una creciente desigualdad social, lo que a su vez acarrea infinidad de problemas en todos los órdenes, desde la pobreza a la inseguridad, pasando por la educación, la salud y la expectativa de vida (ver estudios de The Equality Trust, www.equalitytrust.org.uk). Este fenómeno esta ocurriendo en forma acelerada en la industria del vino en Argentina a lo largo de los últimos 5 años, luego de un largo periodo de expansión (2003-2011) que permitió el surgimiento de pequeños actores y la diversificación de propuestas.

En los últimos años, frente al estancamiento de las exportaciones y del mercado interno, las crecientes dificultades económicas (por el atraso en el tipo de cambio) y financieras (por los problemas con las devoluciones de IVA a los exportadores, el pago adelantado de derechos de exportación y las trabas para obtener reintegros) y la virtual destrucción del precio de la uva debido a una
oferta creciente frente a una demanda paralizada, los únicos ganadores han sido las grandes bodegas que han capturado los márgenes de los productores primarios y han propuesto a los consumidores una diversificación exclusivamente basada en el marketing y en la homogeneización de un estilo de vinos basado en un exceso de azúcar residual y aromas de roble. Como
consecuencia de este escenario, ha aumentado también la consolidación de bodegas a través de fusiones y adquisiciones, lo que realimenta el proceso de estandarización y concentración de la oferta.
Creemos que estas tendencias han alejado al vino de su esencia, lo que tiene fuertes impactos sociales y culturales. Entendemos al vino como el producto de un lugar y de una historia que merece ser contada. Cada botella representa un balance perfecto entre un ecosistema natural y una interpretación personal que no dista demasiado de un hecho artístico. Para los verdaderos apasionados del vino, cada botella se disfruta por la originalidad de su contenido, y nunca por la imagen de su etiqueta o por el placer rudimentario provocado por un gusto estandarizado.

Ante esta situación, no deja de generar ilusión la iniciativa de un grupo de soñadores de recuperar (o tal vez recrear en un país que no ha tenido muchas experiencias de este tipo) la idea de valorizar un terruño desde un punto de vista independiente pero colectivo. De esto se trata PIPA, Productores Independientes de Paraje Altamira.

En contraposición a las corporaciones del vino (“Vino Business”), cuya sola escala les impide enfocar su producción a nivel de viñedo (si no es en sus vinos top, y aun en estos casos con dudosa consistencia), PIPA busca mostrar al consumidor un colectivo de interpretaciones que permita recuperar la identidad común de un terroir extraordinario: Paraje Altamira. Aquí dejamos la opinión de Joaquín Hidalgo, uno de los mejores periodistas de vinos de Argentina.

¿Qué es entonces un productor independiente?
Ante todo, un productor independiente es un viticultor que reside en el territorio que cultiva (en su viñedo) y al que lo vincula un compromiso afectivo e histórico. Por su escala, en este tipo de productores una misma persona frecuentemente cumple las funciones de viticultor, bodeguero y comercial de sus propios vinos.

Este aspecto no es menor, porque garantiza la autenticidad de su discurso y de la comprensión de su territorio. Por eso un productor independiente busca establecer una relación personal con sus canales de distribución y sus consumidores, ya que su personalidad y su visión del mundo son parte del producto que ofrece para el deleite de otros.

Finalmente, un productor independiente es un productor que hace sus vinos con la intención de expresar a la vez su terruño y su visión original del vino. Pero para mantener su competitividad, debe colaborar con sus pares para lograr una masa crítica que les permita mantener su subsistencia y su permanencia en el territorio. Y aquí es donde nace la identidad de un terruño. Este concepto de negocio tiene fuertes implicancias para la vitivinicultura y las poblaciones que las rodean. Paraje Altamira, por su larga tradición vitícola, por la presencia de viñedos de pequeña escala y por las características únicas de su terroir, es un lugar ideal para el desarrollo de este concepto.

¡Bienvenido entonces PIPA!