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Terroir, agricultura convencional y vino orgánico

En los últimos años, hemos asistido a la explosión del interés de la prensa (y de los consumidores) por “el terroir”. Esta palabra de origen francés, y de imposible traducción, reúne en un solo término los efectos que el clima, el suelo y el hombre tienen sobre un producto, transformándolo en un ejemplar único y diferenciado.

El descubrimiento de los terroirs argentinos promete un relanzamiento del vino local, tanto en el mercado interno como en el internacional, sin precedentes. Después de una década de reverencia al Malbec, nuestra cepa insignia, nos estábamos quedando sin argumentos y perdiéndonos en la farándula de enólogos estrella y barricas caras. ¡Viva la diversidad!

La pregunta que propone este blog es si es posible hacer vinos de “terroir” con los métodos utilizados por la agricultura convencional, basados en maximizar los rindes, reducir el suelo a un mero soporte físico y asegurar el monocultivo vitícola en una región (Mendoza) apenas capaz de soportar una flora dispersa y achaparrada.
En Chakana nos hemos respondido que no. Sólo la aproximación orgánica a la viticultura nos da las garantías de mantener la especificidad del lugar, de honrar sus equilibrios ecológicos y de descubrir cuáles virtudes podemos aprovechar y cuáles falencias debemos reforzar. Es un camino difícil, donde el conocimiento y la observación reemplazan a las recetas y donde la humildad frente a la maravillosa sabiduría de la tierra es la única actitud posible.

¡Salud!