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Vinos y puntajes: ¿para qué sirven?

Como todo lo que tiene que ver con gustos, el vino es un fenómeno subjetivo. Cada consumidor tiene su preferencia y cada vino tendrá quien lo elija. En ello radica la belleza de este producto infinitamente diverso en el que cada botella cuenta una historia. Sin embargo, para el consumidor desprevenido, es esta misma diversidad la que propone un desafío insuperable: ¿cómo elegir un vino que no nos defraude? ¿Cómo sabemos si pagamos lo que corresponde por cada botella?

El problema ha sido resuelto de múltiples maneras: con la proliferación de sommeliers y periodistas especializados, blogueros apasionados y concursos internacionales. Miles de especialistas hoy ofrecen consejo. Los medios digitales han multiplicado las oportunidades de informarse y compartir opiniones. Las aplicaciones Vivino y Delectable, entre las más utilizadas por los enófilos, permiten sacarle una foto a un producto y conocer al instante cuál es la opinión de miles de personas sobre el producto que tenemos delante.

A pesar de la diversidad de opinólogos, el mundo entero va convergiendo progresivamente alrededor un sistema de calificación impuesto por los periodistas norteamericanos: la escala de 100 puntos. Con sorprendente consistencia, prácticamente todos los medios y periodistas decodifican el vino con el siguiente criterio:

  • Entre 50 a 74 puntos se trata de un vino defectuoso que por respeto al productor suele no publicarse en los medios.
  • Entre 75 a 79 se encuentran los vinos promedio, correctos y tomables.
  • Entre 80 a 84 puntos puede considerarse que se trata de un buen producto, bien hecho.
  • Entre 85 y 89 comenzamos a hablar de un buen vino, con cualidades superiores al promedio.
  • De 90 a 94 puntos se califican los vinos sobresalientes, con excepcional complejidad y carácter. En pocas palabras los vinos superiores.
  • Los vinos de más de 95 puntos son vinos extraordinarios, de una profundidad de carácter que los transforma en un clásico de su categoría y que requieren un esfuerzo especial para poder encontrarlos, comprarlos y consumirlos.

Lo interesante de la escala es que los 90 puntos determinan una profunda fractura entre los vinos habituales que abundan en las góndolas de los supermercados, y los vinos que merecen ser degustados, estudiados y apreciados. En muchos mercados, dependiendo de su precio, este umbral determina el éxito o el fracaso de la distribución de un vino. Cada punto por encima de 90, además, representa un diferencial de calidad y singularidad completamente desproporcionado al resto de la escala, al punto que justifica saltos de precio de hasta el 100%.

Por supuesto que un buen puntaje no reemplaza ese momento de encuentro mágico entre el vino, el bebedor y la ocasión de consumo, que hace de cada experiencia un tesoro personal. Pero a la hora de elegir, no es mala idea estar bien informado.